BRUNO ROCCA: una visita entre las colinas de Barbaresco

by mzwineandtravel
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En las colinas de Barbaresco, rodeada de viñedos y de un paisaje que permite comprender la grandeza de esta denominación, se encuentra la bodega Bruno Rocca. Una casa familiar profundamente ligada a la historia del Nebbiolo y, en especial, al prestigioso viñedo Rabajà, cuya personalidad ocupa un lugar central en la identidad de sus vinos.

Nuestra visita comenzó con una bienvenida muy agradable y unas vistas espectaculares sobre las colinas de Barbaresco. Desde la bodega pudimos contemplar el paisaje e identificar algunas de las parcelas que hacen tan especial este territorio. Después recorrimos las instalaciones, descubrimos sus espacios de elaboración y su cuidada biblioteca de botellas, antes de terminar con una cata en una sala preciosa, donde la madera y el ambiente tradicional creaban el marco perfecto para disfrutar de sus vinos

Una historia familiar ligada a Barbaresco

La historia de Bruno Rocca está profundamente vinculada a Barbaresco y al cultivo de sus viñedos. La familia Rocca mantiene raíces en la zona desde el siglo XIX y, en 1958, adquirió parcelas en Rabajà, uno de los viñedos más reconocidos de la denominación. Este lugar acabaría convirtiéndose en una pieza fundamental de la identidad de la bodega.

En 1978, Bruno Rocca comenzó a elaborar y embotellar vino con su propio nombre, dando un nuevo impulso al proyecto familiar. Su apuesta por expresar el carácter de los viñedos y la personalidad del Nebbiolo contribuyó a consolidar la reputación de la casa entre los productores destacados de Barbaresco.

Hoy, Bruno Rocca continúa trabajando junto a sus hijos Luisa y Francesco, combinando experiencia familiar y una mirada contemporánea. El viñedo Rabajà sigue siendo uno de los grandes protagonistas de su producción, aunque sus vinos también permiten descubrir otras expresiones del territorio. La filosofía de la bodega se basa en respetar el origen de cada uva y transmitir en la copa el carácter de las colinas de Barbaresco

Un recorrido por la bodega y sus espacios

Uno de los momentos más especiales de la visita fue descubrir la bodega desde dentro y conocer los espacios donde nacen y evolucionan sus vinos. El recorrido comenzó con unas vistas impresionantes de las colinas de Barbaresco y sus viñedos, un paisaje que ayuda a entender la importancia del terruño en la personalidad de cada botella.

Durante la visita pudimos ver los depósitos de elaboración y una biblioteca de botellas muy bien conservada, testimonio del trabajo y de la evolución de los vinos a lo largo del tiempo. También recorrimos las salas de barricas, donde los vinos reposan y desarrollan sus matices.

La visita terminó en una sala de cata preciosa, decorada con madera y con un ambiente tradicional y acogedor. Un espacio con mucho encanto, ideal para sentarse, disfrutar de los vinos de la casa y seguir descubriendo la personalidad de Barbaresco a través de cada copa

La cata: precisión, equilibrio y personalidad

La cata fue el broche perfecto para nuestra visita a Bruno Rocca. Probamos cinco vinos —Dolcetto d’Alba 2024, Langhe Nebbiolo 2023, Barbaresco 2022, Barbaresco Currà 2021 y Barbaresco Rabajà 2021— y todos me transmitieron una sensación común: calidad, precisión y equilibrio.

La gama me pareció muy bien trabajada, con vinos definidos y armoniosos, sin desviaciones que empañaran la degustación. Más allá de las diferencias entre variedades, añadas y viñedos, encontré una línea de calidad muy consistente, algo que valoré especialmente durante la cata.

Los dos Barbaresco de viñedo, Currà 2021 y Rabajà 2021, fueron los que más me entusiasmaron. Ambos me parecieron vinos de gran calidad, aunque, por gusto personal, me incliné ligeramente más por Currà. Es una preferencia subjetiva: la expresión de cada viñedo puede variar según la añada y la manera de trabajar de cada productor, y precisamente ahí reside parte del interés de descubrir estos vinos.

La cata me dejó una impresión muy positiva de Bruno Rocca: una bodega capaz de ofrecer vinos precisos y equilibrados, con una identidad bien definida y una calidad constante a lo largo de toda la selección

Barbaresco en estado puro

Visitar Bruno Rocca nos permitió acercarnos a Barbaresco desde una perspectiva diferente: contemplar sus colinas desde la propia bodega, conocer los espacios donde se elaboran y conservan los vinos y, finalmente, comprobar en la copa el nivel de precisión con el que trabaja la familia.

Me sorprendió especialmente la regularidad de toda la gama. Desde el Dolcetto hasta los dos Barbaresco de viñedo, los vinos mostraron una calidad muy sólida y un equilibrio que hizo que la cata resultara especialmente interesante. Currà fue mi favorito, aunque Rabajà estuvo también a una altura extraordinaria. Más que establecer cuál es mejor, me quedo con las distintas interpretaciones que pueden ofrecer dos viñedos y con cómo estas pueden cambiar según la añada.

Bruno Rocca es una de esas bodegas que ayudan a entender por qué Barbaresco despierta tanto interés entre los amantes del vino: un territorio con personalidad propia, donde los detalles importan y donde merece la pena detenerse a explorar cada botella

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